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05 Dic

Cuatro libros encargados por el Papa aseguran que el padre Grassi es inocente

Bergoglio le encomendó escribirlos a un prestigioso jurista. Hoy, la querella del caso denuncia que esos libros llegaron a los jueces de la Corte Suprema como un factor de presión. A más de siete años de la condena del padre por abuso sexual, el telón no termina de caer.

En septiembre de 2010, poco después de que la Sala II del Tribunal de Casación bonaerense ratificara la condena original al padre Julio César Grassi por abuso sexual de un menor, la Conferencia Episcopal le encargó al abogado y jurista Marcelo Sancinetti un nuevo estudio de la causa y del juicio transcurrido en el Tribunal Número 1 de Morón.

La tarea, terminada cuatro años después, produjo cuatro libros de edición privada titulados "Estudios sobre el caso Grassi". Fueron más de 2600 páginas en total. El currículum de Sancinetti, por su parte, es considerable: con más de 35 años de carrera y autor de treinta libros, el abogado es profesor titular de la UBA y fue asesor de comisiones en las dos cámaras del Congreso.

En la primera página del último tomo, con fecha de julio de 2013, Sancinetti escribió: "Con ello concluyen estos 'Estudios sobre el caso Grassi' y la labor encomendada por la Conferencia Episcopal Argentina, en particular por parte del cardenal Bergoglio, entonces su presidente y hoy Su Santidad Francisco".

En ese mismo libro, Sancinetti pide disculpas a la Iglesia argentina y al Papa por tardar tanto tiempo en terminar el trabajo, y asegura que trató "cada cuestión del modo más exhaustivo posible" tomando "siempre en cuenta cualquier hipótesis para someterla a consideración crítica con el estricto cauce de la lógica, el derecho y la verdad jurídico-objetiva".

Luego de definirse como "un jurista independiente", en el final explica que sus libros tienen sus raíces "en los mandamientos más elevados de todas las religiones y culturas: la pureza, el honor y la verdad". Leídos los cuatro tomos, la conclusión del autor no deja dudas: los libros son la defensa más vehemente de Grassi jamás realizada. Y por supuesto, la más polémica, porque Sancinetti actuó como una suerte de juez.

Sin ser parte de la causa, evaluó cada evidencia disponible –incluidos los audios del juicio, que fue a puertas cerradas–, cada testimonio y cada fallo. Señaló, tal como lo haría un juez, decenas de supuestas incongruencias, actos fallidos y falsedades en los testimonios de los jóvenes que acusaron al cura. Y al final dictaminó. Según él, Grassi no sólo es inocente de abuso sexual contra esos pupilos, a quienes el abogado llama "falsos acusadores": el cura también fue víctima de un complot urdido por un poderoso multimedios.

Los cuatro libros en cuestión son una edición privada, en teoría hecha únicamente para Francisco y la Conferencia Episcopal, según aseguran los tomos mismos. Son una especie de fantasma editorial: no hay, por ejemplo, un pie de imprenta ni datos de tirada.

Durante años fueron un secreto incómodo para los investigadores y magistrados del caso Grassi. Hoy, los libros vuelven a cobrar relevancia.

El expediente que condenó al cura está actualmente en manos de la Corte Suprema. Los jueces Lorenzetti, Highton de Nolasco, Maqueda, Rosatti y Rosenkrantz deben decidir el destino del acusado. Es la instancia final, más de catorce años después de la primera denuncia que estalló en Telenoche. Pero el camino no es fácil. Hay obstáculos.

En octubre último Infobae puso, en blanco sobre negro, la presión y el lobby de supuestos mensajeros del Vaticanosobre el máximo tribunal que invocan la presunta voluntad de Francisco a favor de la inocencia de Grassi.

Y los instrumentos más fuertes de esos lobbistas que confunden promiscuamente los roles de Justicia, Iglesia, Estado y la suerte de los jóvenes supuestamente abusados por uno de los curas más mediáticos del país, serían, precisamente, los tomos escritos por Sancinetti.

El abogado Juan Pablo Gallego es el histórico querellanteen el caso, representante de "Luis" y "Ezequiel" -nombres de ficción de los jóvenes acusadores de Grassi-, cuyos testimonios fueron rechazados por la Justicia. Según Gallego, "los libros llegaron a los jueces de la Corte, presuntamente entregados por supuestos emisarios de Francisco". Consultada por Infobae, la secretaria de Comunicación y Gobierno Abierto de la Corte, María Bourdin, lo negó rotundamente. 

Gallega apunta: "Se dice falsamente que los libros se publicaron solo para el conocimiento de la Conferencia Episcopal. Lo cierto es que detectamos que los recibió cada juez que debía decidir sobre el caso Grassi. No solo fueron entregados a la Corte Suprema, donde los tiene, por ejemplo, Ricardo Lorenzetti; también le fueron entregados a jueces de Casación provincial. Me consta que estos libros los tienen los jueces del máximo tribunal y que les llegaron por personas invocando a la Iglesia".

Sancinetti, además, tiene cercanía con la Corte. Su mujer, la abogada Patricia Ziffer, según el portal Chequeadofue secretaria letrada del fallecido juez Enrique Petracchi. Sin embargo, fuentes cercanas al máximo tribunal niegan que los libros a favor de Grassi hayan sido recibidos por las vocalías de los distintos jueces.

Infobae obtuvo los polémicos libros: hay pasajes sorprendentes. Por ejemplo, en el epílogo –página 729, último párrafo, cuarto tomo– Sancinetti resume que lo que vivió Grassi, básicamente, fue un atropello. Y lamentó, siempre hablando de sí mismo en tercera persona, "que el haber llevado a cabo esta obra lo haya sumido aún más de lo que ya estaba, en su desesperanza, ante el escaso grado de justicia".

En el epílogo hay declaraciones incluso más dramáticas: "Las constataciones por él mismo realizadas lo dejan anonadado en un grado considerable, que no desaparecerá en el resto de sus días". El abogado incluso citó al bíblico Libro de Daniel, parte del Antiguo Testamento, al hablar de un juez "dictador de sentencias injustas, que condenabas a los inocentes y absolvías a los culpables".

Sin embargo, la Conferencia Episcopal no fue unánime acerca de los libros. Revisar el Caso Grassi y editar posibles herramientas de lobby le creó una división interna. Una alta fuente de la Justicia bonaerense que conoce las entrañas de la Iglesia argentina le dijo a Infobae"Los obispos que conocían a Grassi no estaban a favor de hacer los libros. Pero otros pensaban que el caso ponía en riesgo la imagen de la Iglesia". Por lo visto, triunfó el segundo grupo.

En la introducción, Sancinetti incluyó un capítulo especial, titulado "El interés de este estudio para la Iglesia Católica".En el texto, se pregunta: ¿debería Grassi seguir siendo cura si se agotan las instancias judiciales, si la Corte falla en su contra? Y sigue: "¿Correspondería privar a Julio César Grassi del ejercicio de su ministerio en forma total o parcial como, por ejemplo, administrar ciertos sacramentos? ¿Debería tomar la Iglesia una posición ante la opinión pública o sus feligreses?".

En 2011, Grassi, ya condenado, reconocía al diario Libre un buen vínculo con su obispo en Morón, Luis Guillermo Eichhorn, que no le había quitado ninguno de sus derechos sacerdotales. Grassi, hasta hoy, puede dar bautismo, misa, comunión, confesión y extremaunción.

Cada tomo está dedicado a refutar a una víctima. El primero, de 2010 apunta a "Ezequiel". El cuarto, de 2013, está dedicado a "Luis". Gallego, el abogado de ambos, pidió que sus testimonios fueran considerados nuevamente luego del rechazo inicial de la Justicia. Su planteo ya fue avalado por la Procuración Nacional a través de Irma García Netto, procuradora ante la Corte, y en el ámbito bonaerense por María Elena Falbo, que renunció a su cargo semanas atrás.

Los tomos segundo y tercero (que suman 1200 páginas en total) están dedicados a "Gabriel", el único pupilo de Felices Los Niños por el que Grassi fue condenado.

La obsesión por los medios es evidente en el segundo tomo. Contiene, por ejemplo, la declaración completa del cura ante el Tribunal de Morón en septiembre de 2008, con más de 230 páginas. Allí, remarcada sutilmente con subtítulos, aparece la teoría del complot de un multimedios contra Grassi.

El acusado relata su caída como una trampa urdida porTelenoche y la empresa Hard Communication de Jorge "Corcho" Rodríguez. Los subtítulos de Sancinetti remarcan el relato. "Gente de `Telenoche´ quería demoler la Fundación", "Sobre la ética de Canal 13", "Visita del padre Grassi a periodistas de Canal 13" y "Reclamo (infructuoso) a `Hard Communication´", son algunos casos.

Esto no sorprende: el cura mismo siempre acusó a los medios como los responsables de su ruina. Grassi declaró ante el Tribunal N°1 de Morón: "Lo que yo critico sobre todo de la manera de trabajar de Canal 13 sobre esta causa y el Grupo Clarín es inducir, inducir y buscar y apretar y empujar a ver si consiguen algo más, ¿no?".

El tercer tomo termina con dos "análisis de credibilidad". Uno está dedicado a Grassi. El otro, a "Gabriel", el joven que lo condenó.

Para Sancinetti, la balanza se inclina de un solo lado: "El estudio detenido de la declaración de uno y otro ya muestra claramente quién de ellos se ajusta a la verdad: el acusado".

El jurista continuó: "Mientras que Grassi hace una declaración coherente, cargada de matices, sin contradicciones", su supuesta víctima "incurre en déficits permanentes en el 'indicio de constancia', se contradice en su propia declaración del juicio entre ésta y las anteriores… más allá de hacer afirmaciones demostradas como falsas, con la característica peculiar de que su declaración estuviese cargada de actos fallidos". Hasta afirma que "el tribunal de juicio hizo 'la vista gorda' ante esta evidente diferencia de las declaraciones de acusador y acusado".

El interés del hoy Papa por la suerte de Grassi no sería algo reciente, sino histórico. El abogado Gallego recuerda: "Con el cardenal Bergoglio pasé por distintas situaciones. En 2003 arreciaban las amenazas y ataques de armas de fuego contra testigos. Le pedí una entrevista a Bergogliocon la intención de que alguien disuadiera a Grassi de los ataques a víctimas y testigos, pero no tuve respuesta. Les pedí lo mismo a monseñor Justo Laguna y a Néstor Kirchner, que acogieron el pedido favorablemente".

Y continúa: "A Bergoglio finalmente lo conocí en 2006, recién llegado de la anterior elección papal. Tenía interés en saber qué pasaba con Grassi. Me escuchó con gesto adusto y me dijo que el Arzobispado estaría a mi disposición. Pero en vez de ayuda, hubo emisarios curiosos, interesados en saber qué pasaba con la causa. Les expliqué que, si había un juicio, veíamos una condena de más de veinte años. Uno de esos voceros me dijo algo alarmante, pero lo dejé pasar".

El abogado defensor de Grassi, Carlos Irisarri, jura que no habla con él hace seis meses. También, dice que no recuerda demasiado el recurso extraordinario federal de cuarenta carillas que presentó ante la Corte para cambiar la suerte del cura.

Dice que su planteo se basa "en una cuestión de principio de congruencia que no se ha respetado" y que "hay una demasía en el cambio de la fijación fáctica más allá de la acusación", una cuestión de fechas en los abusos cometidos contra "Gabriel" frente a lo afirmado en las sentencias, el mismo argumento que se esgrimió en la Corte provincial.

"La Corte puede revocar la sentencia", adelanta Irisarri: "También puede nulificar, puede revocar en parte, son varias las posibilidades". Conclusión: todo está en manos de la Corte.

De vuelta a los libros de Sancinetti, ¿qué alcance tuvieron?

Hay calificadas fuentes en la Justicia bonaerense que indican que al menos un magistrado provincial los recibió luego de su fallo de manos de una alta figura eclesiástica: los libros de Sancinetti no habían sido terminados cuando este juez emitió su dictamen.

Esas mismas fuentes indican que los miembros de la Suprema Corte en La Plata recibieron los tomos antes de decidir. Si fue un intento de presión, no funcionó. En septiembre de 2013, el máximo tribunal provincial ratificó la condena de la Justicia de Morón. Sin embargo, su presidente, el juez Héctor Negri desmintió que habló del caso al encontrarse con Bergoglio en el Vaticano tiempo antes de emitir su propio fallo. Negri aseguró que se entrevistó con el Papa "por razones absolutamente espirituales, alejadas a miles de kilómetros de cualquier sentencia judicial".

En el último tomo, Sancinetti hace sus agradecimientos a varios colaboradores que revisaron sus libros: menciona a juristas de la Universidad de Düsseldorf. También, a sus dos asistentes de cátedra en la UBA y a una de sus entonces alumnas. Hoy, esa alumna es abogada y trabaja con él.

La joven abogada se negó a hacer declaraciones, lo mismo que Sancinetti: todos los mensajes de Infobae a su estudio y a su casa nunca fueron devueltos. Pero alguien cercano a él fue rotundo en su respuesta: "El doctor no quiere dar ninguna entrevista sobre el tema Grassi".

 

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